Campos mórficos y lealtades familiares: una conexión vital

Tengo la bendición de aprender de la vida ratificando constantemente que nuestra existencia es una escuela de aprendizaje eterno, si somos conscientes y prestamos atención.

En concreto durante los últimos meses he leído y aprendido mucho sobre teoría sistémica y constelaciones familiares mas los últimos días me han enseñado mucho sobre ello en forma vivencial y quiero compartir ese conocimiento.

En constelaciones se habla mucho sobre las lealtades familiares. Cuando escuchas este término por primera ocasión podrías preguntarte;

¿Qué son las lealtades familiares?

Se pudiera decir que:

Las lealtades familiares son esos pactos que hacemos con nuestros familiares, vivos o no que nos hacen pensar, sentir o comportarnos como ellos lo hicieron.

Sobra decir que algunas de estas lealtades nos suman a la vida, es decir nos aportan cosas buenas, como por ejemplo los talentos que poseemos, las historias de éxito en la familia, sin embargo, otras en cambio nos restan y nos hacen daño.

Todo tiene una intención positiva

Usualmente las acciones que tenemos en relación con nuestros familiares cercanos, lo hacemos desde el instinto de preservación de la especie y porque no, lo hacemos desde el amor.

Pudiera decir que casi todo lo que hacemos lo hacemos por amor. Sin embargo, muchas veces ese amor está mal entendido o bien, amamos en una forma tan sobre protectora que creyendo hacer bien en realidad estamos causando mal.

De igual forma que la vida que es cambio también lo son nuestras actitudes y comportamientos.

Aquello que es bueno en algún momento, se convierte en algo inservible en otro.

Déjame ponerte un ejemplo:

Para una mujer en la década de 1910-1920 era malo salir de noche en la calle, ya que se consideraba que era una mujer «mala» o de la «vida galante», una prostituta.

Considera que en esa época, nuestro país vivía una época de revueltas y de grandes peligros, evidentemente el hecho de evitar salir en la noche en ese ambiente tan caótico y peligroso constituía un acto de amor y de preocupación de la madre por sus hijas.

La hija aprendió de la mamá que las mujeres no tenían que salir de casa en la noche, y eso es lo que le enseñó a la nieta y eso a la bisnieta. Ahora considera a la bisnieta que vive en 2024, y que cada vez que anochece, siente la necesidad urgente de regresar a casa antes de que se haga oscuro ya que de otra forma se siente en peligro o en riesgo, se siente sucia.

Evidentemente esto no es una conducta adecuada, y tal vez no sea debido a una experiencia propia sino a una experiencia que tiene heredada por la bisabuela.

Lo que era un acto de amor se convierte en una limitación

Se antoja hacer una pregunta obvia.

¿Cómo es que pasamos esas lealtades a las siguientes generaciones?

¿Cómo se hace eso cuando son personas que no se conocen por el tiempo en el que viven?

¿Dónde se guardan esas lealtades?

Es difícil poder decir donde se guardan esas lealtades sobretodo si lo quieres identificar en algún sitio físico.

Para la teoría sistémica se puede decir que se guardan en el gran campo mórfico que nos rodea.

Para la psicología podría ser en el inconsciente colectivo como decía Carl Jung.

Para la psico neuroendocrinología podría ser en los cromosomas encendidos, lo que ahora conocemos como epigenética.

Para los orientales podrían ser en los registros akáshicos.

La realidad es que no hay una respuesta única.

Y, ¿Que dice la ciencia?

Aunque controvertido, la física cuántica ofrece una respuesta en lo que se llama los campos mórficos.

Los campos mórficos son aquellos espacios donde ocurren fenómenos biológicos o físicos que cada vez que se repiten aumentan de fuerza y pueden afectar a otros individuos cercanos.

Esta definición aunque muy científica y cuestionada es en realidad sencilla de entender.

Un campo mórfico se crea con cada acción, emoción o sentimiento que tenemos en forma repetitiva crea una especie de molde.

Si esa acción, emoción o sentimiento lo repiten varios miembros de la familia, entonces se crea un molde de patrones de comportamiento que los siguientes miembros de una familia repetirán sin saber en realidad la razón por la que la hacen.

Un ejemplo, la familia dividida.

En una familia los sobrinos roban a la tía. La tía se siente ofendida, traicionada y ultrajada y ocasiona un resentimiento enorme hacía aquellos que la robaron.

Los hijos de esa tía «sienten» las emociones que experimenta su mama y las asumen como suyas viviendo ese enojo contra sus primos. Los demás hermanos de la mujer afectada también sienten ese agravio y lo toman como suyo.

El resultado es que una gran parte de la familia se encuentra enojada con la otra parte de la familia y empiezan a asumir situaciones en las que excluyen a esa parte de la familia debido a que «deshonrraron» la confianza.

Los hijos de los hijos de esa mujer y sus primos asumen como suyo ese enojo y emprenden una cruzada de odio hacía sus primos segundos, aunque en realidad sin saber el porque lo están haciendo.

De esa forma, parientes cercanos empiezan a alejarse y a excluirse unos a otros y eso con el paso del tiempo puede llevar a mas violencia, mas segregación, mas exclusión.

Si ese patrón de estar lastimado no se resuelve en alguna de esas generaciones, los que siguen naciendo dentro de esa familia seguirán asumiendo por simple toma de patrones heredados ese sentimiento de enojo hacia una u otra parte de la familia, aun cuando ni siquiera sepan la causa real de porque existe ese enojo, se toma un molde de comportamiento porque simplemente ahí está presente.

¿A donde puede llevar este sentimiento?

¿A un enojo persistente de una parte de la familia hacia otra?

¿A un sentimiento de exclusión o de que no me quieren de la otra?

¿A una revancha y violencia entre las partes?

Las posibilidades son infinitas. Recuerda solamente cuantas guerras fraticidas se han encontrado en la historia.

Todos pertenecen

El alma familiar no acepta exclusiones

Dice una de las Leyes del amor de Bert Hellinger.

Por lo que esa alma familiar buscará compensar esa falta si se ve desde una cara de la moneda o bien, esa exclusión desde la otra cara de la misma.

Eso llevará a que una y otra vez los miembros de la familia hagan cosas o vivan situaciones para poder sanar esa herida.

Los que en algún momento robaron, serán robados, los excluidos serán integrados, y los olvidados serán recordamos.

Es así de sencillo. Toda la vida busca un equilibrio. El alma busca su equilibrio.

Pero mientras ello pasa los miembros de la familia repetirán patrones de abandono, de abuso, de exclusión hasta que alguien tome la responsabilidad para poder sanar esas partes lastimadas.

¿Cómo influencia esto en tu vida?

Muchas veces, independientemente de nuestra edad cronológica, nuestro espíritu es como un niño pequeño.

Sentimos lo que sienten los grandes, hacemos lo que hacen los grandes, actuamos por imitación, actuamos por amor, un amor ciego, un amor incondicional.

Recuerdo alguna vez que estado en el hospital llegó una pequeña de unos 3 años quemada por la madre. Ella la estuvo cuidando hasta que llega la policia para llevársela a la cárcel por violencia familiar. Cuando la niña vio que se llevaban a su mama, rompió en llanto porque ella quería a su mamá sin importar que ella hubiera sido la que le causó sus heridas, y los dolores que a sus 3 años había soportado.

De igual forma para en los videos donde los papás jugando hacen como que se pegan, los pequeños de solo unos meses abrazan al padre que está siendo «golpeado» por el otro uniéndose al sentimiento a pesar de que no sea real.

Así es también el actuar de las almas, hacemos vínculos, alianzas con otros de nuestro clan, nuestra familia, simplemente por amor unos a otros, aun cuando esas lealtades nos causen dolor, nos creen heridas o sufrimientos en nuestras vidas.

El inconsciente

Hasta que lo inconsciente lo hagas consciente, seguirá dominando tu vida y le llamarás destino.

Carl Jung

Muchas ocasiones nuestra vida no fluye como lo deseamos y simplemente no sabemos el porque. En ocasiones nos esforzamos en alcanzar la prosperidad económica y no es posible lograrlo, en otras el amor y no se llega a concretar.

Si bien es cierto, que todo lo que nos ocurre viene como consecuencia de nuestras acciones u omisiones, la otra verdad enorme es que existen fuerzas mas grandes que no alcanzamos a ver pero que también influencian nuestras vidas.

Pudiera parecer que es magia o superchería, pero por un solo momento permítete pensar que es real esa influencia, que cuando estamos atorados en algo sobre nuestra vida no solo tiene que ver con nosotros sino con nuestra historia.

Es ahí donde debemos de echarnos un clavado a las historias y dice Hellinger, simplemente agradecerlas y honrarlas.

Imagina por un solo instante que tus comportamientos respecto a un tema en específico como el amor por ejemplo, vienen impregnados de ese enorme campo mórfico de tu familia.

La energía sigue la ley de la inercia que dice que:

Un cuerpo mantendrá su estado de movimiento o reposo a menos que se le aplique una fuerza que lo haga cambiar.

Esto aplica a los patrones transgeneracionales, si ya existe un molde sobre la forma en la que se dan las relaciones amorosas, el campo mórfico, la inercia de ese patrón familiar llevará a que las relaciones amorosas que se desarrollen por los miembros de la familia sean muy similares a la forma que lo han desarrollado las primeras generaciones. Tal vez en algún momento eso funcionó para algo, sin embargo, a lo mejor ese patrón hoy te lleva a que no puedas mantener una relación amorosa en forma sana. El molde está hecho y tu, te ajustas a ese molde, es sencillo hacerlo, sigues la inercia del patrón álmico de esa familia.

Entonces, ¿Todo está predeterminado?

¿Entonces un destino inexorable, que hagamos lo que hagamos tiene que darse?

Creo que no. Creo que si nosotros no hacemos nada distinto por cambiar nuestros patrones mentales, entonces seguramente si seguiremos un patrón de vida muy determinado y parecerá que existe el destino.

Un muy buen ejemplo es la película de Forest Gump cuando habla sobre el teniente Dan.

El teniente Dan como todos los hombres de su familia habían muerto en la guerra. Su «destino» era morir en Vietman pero no paso.

Se encontró a Forest Gump que cambió su destino, bueno, en realidad ese destino no se cambia hasta que el propio teniente Dan se enfrenta a Dios en el mar y hace las paces con él.

El teniente Dan, obedeciendo a su familia, aceptó que su «destino» era morir en la guerra, su alma por amor infantil a sus ancestros decide morir como los hombres en la guerra, honrrándo así a sus ancestros. Siguió la inercia de lo que era común para su historia, se unió al molde de su campo mórfico.

Sin embargo, cuando el teniente Dan acepta ese nuevo momento, esta nueva oportunidad crea una historia distinta, se convierte en un magnate camaronero con una esposa y con una familia, rompió la inercia, rompió la unión al campo mórfico de la familia, rompió el «destino» y creo su propia historia.

Entonces, ¿Qué podemos hacer?

Considero que la respuesta nos la da también la física cuántica.

Mientras no nos demos cuenta de lo que pasa, mientras estemos ciegos, dormidos, inconscientes, como quieras llamarlo, nada cambiará, seguimos en movimiento que nos arrastra. Sin embargo, una vez que ya lo sabemos o lo vemos, entonces tenemos la posibilidad para poder cambiar, aplicamos la fuerza de la voluntad, la fuerza del cambio.

El primer requisito para despertar es darnos cuenta, abrirnos a la posibilidad al cambio, dar el primer paso para cambiar.

Una de esas posibilidades se abren en constelaciones familiares, terapia transgeneracional, registros akáshicos. Todas ellas son las puertas que se pueden abrir para permitirnos el cambio, sin embargo recuerda que los únicos que pueden abrir esas puertas es cada uno de nosotros.

Y tu

¿Estás dispuesto a abrir esas puertas y romper la inercia?

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