Fr. García Regalado JF
Acorde con la U.N.A.M. el equinoccio de verano para el año presente ocurrió el dia 22 de septiembre a las 12:19 hrs hora del centro del país y quisiera hacer una reflexión sobre la importancia de su significado en las distintas culturas y tradiciones.
El equinoccio es un fenómeno astronómico donde el sol se situa en un ángulo de 90 grados sobre el ecuador celeste, lo que origina entonces que la duración del día y de la noche sean iguales en todo el planeta, es decir, es el momento donde el plano del ecuador terrestre pasa por el centro geométrico del centro solar, de ahí su nombre del latin aequinoctium que simboliza; igua y nox que significa noche.

Un evento que no es completamente cierto debido a la refracción atmosférica de la luz, sin embargo, si muy cercano a ello. Es una fecha relevante desde la antigüedad ya que es cuando las culturas ecuatoriales observaron que durante esa fecha el sol plenamente sale por el este y se oculta por el occidente.
A nivel astronómico los equinoccios ocurren cuando el sol está en primavera en el primer punto de Aries y en otoño cuando está en el primer punto de Libra que se refiere a los movimientos del sol sobre el ecuador de norte a sur o de sur a norte o bien referidas declinaciones de positivo a negativo o de negativo a positivo dependiendo de los equinoccios y que hace alusión a las polaridades propias de los signos zodiacales y su energía e influencia.

El equinoccio de otoño representaba un momento importante ya que marca el inicio de la época de las cosechas en el hemisferio norte y el inicio de la época de la siembra en el hemisferio sur, situaciones vitales para la supervivencia de los pueblos, de ahí que estos fenómenos astronómicos rigieran gran parte de la vida de esos pueblos.
Es interesante pensar en los equinoccios y los solsticios como opuestos de un mismo fenómeno que se pueden presentar en simultáneo y que pueden simbolizar cosas totalmente opuestas dependiendo desde donde se observen es decir, desde el hemisferio norte podemos afirmar que estamos en otoño, mas en el hemisferio sur nos dirían que están en primavera, me pregunto ¿Quién tendrá la razón? ¿A caso el mundo no es el mismo para los dos? La respuesta es si y no. Ya que a pesar de que ambos habitamos el mismo planeta, la realidad es que lo habitamos en dos espacios muy distintos con una iluminación del sol opuesta que nos hace a los dos tener la razón y estos fenómenos nos convoca a pensar de la máxima hermética de polaridad que dice:
“Todo es doble, tiene dos polos; Todo su par de opuesto: lo semejantes y lo antagónico son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza pero en diferente grado; los extremos se tocan…”
Esto tal vez es retórica, tal vez solo un recordatorio de otra máxima que dice que el hombre que conoce las leyes naturales puede usarlas en su beneficio y el necio en su prejuicio.
Lo único cierto es que para épocas pasadas, el equinoccio de otoño mostraba su llegada con el cambio de coloración de las hojas y el inicio de esta temporada y ese cambio en el paisaje marcaba también el momento de iniciar la cosecha, y de irse preparando para el invierno.

El otoño era la época donde el fruto del trabajo que se realizaba durante la primavera y el verano se empezaba a recolectar, siendo también un simbolismo para el inicio del recogimiento.
Principio que también fue recordado por el maestro Jesús cuando dijo: Hay un momento para sembrar y uno para cosechar, uno para trabajar y otro para descansar. Estos eventos relacionados con las actividades agrícolas inducidas por el cambio de estación tambien nos recuerda otro principios herméticos, el del ritmo:
“Todo fluye y refluye, todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo, la medida del movimiento a la izquierda es el movimiento a la derecha, el ritmo es la compensación.”

Y es precisamente esta cualidad de esta fecha. La posición física del sol sobre la tierra divide los ciclos diurnos y nocturnos en episodios relativamente de igual duración, lo que le ha dado también su carácter ocultista y metafísico a los equinoccios.
La posición del sol sobre la tierra, el tránsito del planeta en esa órbita elíptica alrededor del sol y su posición en el cenit de ese arco cósmico es un evento que se interpretó por nuestros abuelos como el descenso de Kukulkan, la serpiente emplumada.

Para los antiguos Mayas esta fecha, el equinoccio de otoño, marca el descenso de la energía cósmica, la energía del Padre Sol hacia la tierra, la fecundación de la energía solar a la enegía terrestre. Un evento tan importante que hizo que lo representaran vívidamente en sus estructuras como son el Castillo en Chichenitzá o en el edificio 12 de la serpiente emplumada de la Sierra de Santa Rosa Xtampac por medio del juego de luces y sombras que muestran el descenso de la serpiente emplumada.

En este momento en particular el sol en su caminar proyecta una sombra conformada por 7 triángulos invertidos cuyas sombras en movimientos periódicos da la imagen junto con los escalones de la pirámide de una serpiente que parece descender desde lo alto de la pirámide hasta la cabeza al inicio de la cabeza en la base de la estructura simbolizando también la fecundación de la tierra por la energía cósmica del universo. Una muestra perfecta de la armonía de los opuestos, una alergoría perfecta en la tradición occidental de la consumación de la gran obra del universo. No es el único evento que representa al equinoccio de otoño para los Mayas, otras estructuras muestran su apertura para la entrada del sol o de la luna, mas si son estas estructuras las que muestran la fusión de las polaridades para el nacimiento de un nuevo ciclo Maya.
Kukulcan para los mayas o Quetzalcoatl para los habitantes del Anahuac, es por demas una fígura icónica en la tradición esotérica prehispánica. La manifestación del Dios de la sabiduría, es la representación la unificación del conocimiento, la serpiente, con la divinidad, manifiesta con sus plumas. El animal que repta, la humanidad, que por medio de ese plumaje se eleva al cielo y se convierte en algo divino, la unión de la Rosa en la Cruz.

La posición del sol en medio del arco trazado desde el solsticio de primavera hacia el otoño señala un camino del regreso a la conciencia.
El equinoccio de otoño es el momento preciso en el cual se llama a la cosecha y al inicio de la quietud, lo que en ocasiones puede entenderse como el entrar al proceso de reflexión. El llegar a ese proceso alquímico que se conoce como el VITRIOL (Visita interiora terrae rectificando inveniens occultum lapidae).
Es el momento en el que nos encuentramos en el punto circunpunto, un momento donde podemos dibujar aquello que queremos crear, un punto donde nos podemos retirar cuando las cosas de nuestro mundo se vuelven caóticas. En forma simbólica, el equinoccio es el punto 0, el punto de equilibrio entre los pares de opuestos, entre la negrura de la noche y la luz del día. El punto de reinicio de nuestro caminar, el punto donde podemos iniciar a crear y de iniciar un nuevo sendero.

Así pues los invito a usar esa fecha para reflexionar el ciclo cósmico que estamos dejando atrás, un ciclo de vida que está concluyendo, una serie de eventos que fueron causa y que con la capacidad de decisiín podamos meditar sobre lo que queremos iniciar y tener como consecuencias.
Los invito y a la preparación interna que nos lleve a un nuevo ciclo de preparación y desarrollo de una nueva conciencia acorde con aquello que necesitemos.




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